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Reseña: The observer in the star house, The Orb ft. Lee Scratch Perry.

Enviado por el 13 junio, 2013 – 9:22 Comments

rzvhMucha diversión para los fans de la última etapa de Perry, que también gustará a los Orbitologistas.

Tiempo atrás, en una galaxia lejana, un disco vocal de Lee Scratch Perry era una rareza.

Llegó a Kingston a principios de los 60 y cambió en varias ocasiones la forma de la música popular jamaicana. De sus muchos logros, destaca el dub vanguardista de su estudio Black Ark. No se centró en cantar hasta relativamente tarde: su primera colección completamente vocal llegó en 1978, pero la siguiente no vio la luz hasta mediados de los 80, cuando un Perry transformado desembarcó en Inglaterra como una pieza andante de performance-arte, tras una metamorfosis dramática.

Desde entonces, ha colaborado con un sinfín de entidades, lanzando discos de calidad variable –desde excelencias intrigantes hasta basura terrible– a una velocidad vertiginosa. Afortunadamente, esta combinación juguetona con el dúo dance de influencias dub, , se inclina hacia el primero de los extremos.

Los arranques de inconsciencia de Perry, que se materializan en torrentes de balbuceos, se ajustan bien a la base fluida y psicodélica de The Orb, dando como resultado muchos momentos que saborear. El ritmo minimalista de Golden Clouds, una reedición de Little Fluffy Clouds del dúo, presenta una calidad optimista y animada en la que un Perry a doble pista comulga con Dios.

Hold Me Upsetter viene con un toque extravagante de bossa nova, cortesía de una muestra vocal cálida donde los cánticos sin sentido de Perry se remezclan hasta desaparecer en el olvido.

Man in the Moon es otro encantador de audiencias, con fragmentos de sabiduría en los discursos incoherentes del Upsetter a medida que avanza el tema; comienza como un corte  trance de Goan que ha salido mal, pero no tarda en coger rumbo hacia otra dirección, en la que Perry se autoproclama un magnate suizo, con un hogar en la luna.

Reelaborar Police & Thieves de Junior Murvin puede parecer mala idea, pero este recorte torcido casi funciona, en parte porque The Orb incluye partes de un tema de órgano de los 60 de Upsetters, intercalado con trabajos melódicos fantasmagóricos de los 70. La voz de Perry también mejora conforme avanza la canción.

Y aunque The Orb emplea un rango de ritmos en su mayoría pausados en este álbum, todo encaja bastante bien y, a diferencia de muchos trabajos recientes, de la boca de Mr Perry no sale nada demasiado inaceptable.

En conjunto, The Orbserver… Es mucha diversión para los fans de la última etapa de Perry, y también gustará a los Orbitologistas.

Texto:
Traducción: Staša Mrkonjić

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